Miro hacia atrás y me arrepiento, me arrepiento de cada cosa que hice por ti, de cada noche que pase en vela, de cada lágrima derramada, de cada
sms enviado, de cada euro gastado, de cada te quiero
caído en el olvido. Y eso que jamás me había arrepentido de nada.
Porque ahora miro hacia atrás y veo que nada mereció la pena, porque tu no la mereces. Y esto me hace pensar en algo que observé el otro día al montarme el en el autobús. A lo lejos
vi a una chica
monísima esperando en la parada. No es que tuviera nada especial, solamente me parecía preciosa, una linda muñeca de exposición. Pero
coincidió que
subió al bus justo delante de mi y pude verla de cerca. Observé sus medias
raídas, con carreras y agujeros. Y su cara llena de pequeñas pero visibles cicatrices. Que
hacían que perdiera toda su magia. Que más que una
muñeña de exposición, fuera la
muñeca vieja y rota que tiramos sin más a la basura. Lo que me llevo a pensar en que por muy espectacular que sea un exterior, al verlo de cerca podemos llevarnos un gran fiasco. Y precisamente eso es lo que eres. Estás podrido por dentro. Y no haces más que corromper y
estropear todo aquello que se acerca a ti, todo aquello que
te toca, todo aquello que te ama...
Cada vez que pienso en ti me recuerdas más a Doria
Gray (Gracias
Navi por la iluminación) Magnifico por fuera, pero muerto por dentro. Incapaz de querer a nadie, ni de dejarse querer. Incapaz de no herir a la gente, ni de que el pasado deje de herirlo.
Sinceramente, me das lástima. Ojalá algún día seas capaz de cambiar, dejar de destruir a todos los que te rodean y a ti mismo. Y ser feliz... Pero yo no me quedaré para verlo.
Fue la última vez que lloré por ti.
Fue la última vez que me hiciste daño. Como ya dije en una ocasión:
Cuando el amor se va, al igual que la marea, solo queda la mierda manchando la playa.
Adiós.
Edalie.